lunes, 26 de septiembre de 2011

Apuntes (01)

Me encanta haber comprado el libro de Ignacio Ramonet La explosión del periodismo, porque se anima a una de las miradas críticas más interesantes sobre el fenómeno de la comunicación social aplicada a Internet. Su impulso excede los límites del tema que se propone y creo que tiene que servir como instrumento de reflexión sobre los tiempos que venimos viviendo y también de los que vendrán.
No me planteo ni un debate ni una disensión con él, sino sólo valerme de su texto como un disparador. Como en otros posts abro la caja de Pandora de la digresión y me impongo un par de límites de los cuales el de longitud no es uno.
El límite fundamental es el de la contundencia con la que voy a mirar y comentar los temas. No quiero que se entienda en ningún momento que lo que planteo tiene valor de axioma o que busca una verdad. Muchas veces es una hipótesis, un interrogante, un signo de pregunta. Pero por una cuestión de tipo práctica voy a apostar a que lo que hoy intuyo se afirme como una especie de certeza. Certeza primaria si vale el término. Todo lo que voy a expresar es relativo y puede tener otros ángulos e incluso planos contradictorios. No quiero pontificar nada. No creo en eso. Si debatiera más a fondo cualquier punto de los que voy a dejar marcados sobre el texto, podría abrir más posibilidades. Sólo quiero saber si hay pistas que se puedan seguir y lleven a algún otro sitio. Y lo comentaré mientras voy leyendo, como un apunte, como una nota al pie. Interpretando o disparando otras interpretaciones. Desde ahí arranco.

La tesis fundamental que expresa Ramonet es que el periodismo como actividad y como profesión está eclosionando. La "explosión" a la que se refiere el título del libro. La presencia de Internet no como espacio simbólico de intercambio o ágora, sino como lugar significativo, real, de personas que se conectan y trabajan sobre la comunicación en curso y sobre el discurso, sobre la circulación de contenidos, es el elemento principal de este nuevo escenario. El principio gutenbergiano está roto. Su entrada en colapso es muy anterior a la llegada de Internet. Desde la masificación de los medios que arranca con el cine muy temprano en el siglo XX, que luego se multiplica con la radio y se intensifica aún más con la televisión, vivimos este proceso de decadencia de la Galaxia Gutenberg, como la llamara Marshall McLuhan.
McLuhan operó como profeta, como sofista, como filósofo, como intuitivo. Fue un Nostradamus despreciado precisamente por su prosa anticipatoria y su estilo críptico, más poético que científico, más aforístico que axiomático.
Amén de su estilo, McLuhan previó algunas de las problemáticas que hoy se discuten. No una o dos, sino varias. En sus años de máxima vigencia la discusión con McLuhan era eminentemente política. Se discutía más su falta de léxico crítico así como su falta de una postura que cuestionara el universo de los medios masivos de comunicación. Esa frontera retórica ha guiado el debate durante décadas y llega de alguna manera al presente.
En aquellos años había una visión que discutía cómo se distribuían los contenidos a partir de una maquinaria manejada por las multinacionales de la información a partir de los países centrales. Se discutía ese flujo y el contenido político de ese flujo.
Entretanto, McLuhan fenomenológicamente describía. Eso no estaba bien visto y aún, con todo lo que ha cambiado el mundo, tampoco lo está.
Desde los años sesenta esta corriente vio cómo la pesadilla de un mundo dominado e inundado por los contenidos de las naciones centrales, fundamentalmente de EEUU, se iba haciendo realidad y proponía alternativas para democratizar la comunicación. En los años 90, con la caída del muro de Berlín, la presencia omnímoda de la CNN como la reportera y transmisora del mundo, y los procesos de concentración de medios en pocas manos, esa pesadilla se hizo realidad. Lo que se temió durante años dejó de ser paranoia para convertirse en la versión oficial de la realidad.
Hoy Ramonet trae no este debate pero sí la problemática del flujo informativo y la coloca en medio de la mesa. Dice que desde Internet para acá el peso de la industria de las noticias ha ido perdiendo llegada sobre el público y que hoy está en una crisis sin retorno.
En la introducción de su libro nos dice cómo en los últimos años los periódicos y los servicios de noticias han ido replegándose y despidiendo a sus profesionales; que esto es parte de un proceso de pérdida de influencia que se ha traducido en las normales pérdidas de ganancia que hacen que cualquier empresa fracase o vaya fracasando, pero que en el comienzo de todo está un cambio en la polaridad del flujo informativo.
Desde Internet para aquí los contenidos ya no vienen de una sola vía ni tampoco se reparten en una sola dirección. Antes había una verticalidad mucho más clara y ahora la información se transversaliza. Ese proceso de ganar transversalidad o de ir generando nodos de referencia distintos a los tradicionales, es lo que define la dirección de las cosas. No se tiende en apariencia a la recuperación de la verticalidad sino a la profundización de lo diverso y en una dirección más horizontal.

Es cierto que vivimos un cambio muy radical de las condiciones en las que circula la información. La democratización de los medios de comunicación en el sentido que involucra Internet en sí y los smartphones o las tabletas como proyección de esa red, es algo real y palpable. La condición de internauta misma ha variado con los años. Desde la computadora fija a la portátil, el hombre con su teclado empieza a desplazarse. Las cámaras que van en los móviles empiezan a ser testigos del mundo y están a un instante de retransmitir lo que sucede.
El presente no pide un equipo móvil de TV para ser reportero de la realidad. La realidad puede ser reportada por cualquiera que tenga la iniciativa de retratarla. Otra cosa es que ese retrato alcance la difusión adecuada.
Aún hoy, cuando esta posibilidad es real, cuando materialmente cualquier persona puede registrar su entorno, todavía el peso fundamental de la distribución de contenidos está en manos de los medios verticales. Estos medios verticales son antiguas industrias y funcionan como ejércitos en el sentido disciplinario de la palabra. Los medios verticales tienen varias preeminencias por encima de los medios en manos del público común: a) tienen estructura; b) tienen formación; c) tienen profesionales cada vez mejor entrenados para los nuevos formatos; d) tienen mejores medios; y e) tienen tradición.
Lo que da el dinero, la experiencia y la estructura permite abordar con mucha mayor eficacia cualquier tipo de campaña comunicacional que lo que puede aportar un individuo o grupo de individuos.Todavía. No es un absoluto, pero en términos del presente aún pueden hacerlo.
Un poder centralizado, concentrado en menos manos y a la vez expandido por el mundo sigue siendo la base concreta de difusión de contenidos. Si una persona o un grupo lo puede hacer muy bien ahora que cuenta con los medios para informar y plasmar su mirada en la red, una multinacional lo puede hacer mucho mejor.
Pero algo fracasa en estos poderes centralizados. Lo que fracasa es su macroestructura. Son demasiado grandes, caros, burocráticos, lentos y pesados para la nueva realidad. En ese sentido, los nuevos emisores son más baratos, esforzados, apasionados y se mueven con mayor velocidad. Pero el movimiento de esa información dentro de la red implica no solo la generación de un contenido, sino una estrategia y hasta una serie de estrategias que permita posicionar ese contenido. Posicionarlo es que pueda ser leído en plan de igualdad con respecto a otros contenidos. Eso hoy difícilmente pasa. La imagen del individuo aislado que accede a la red y tiene éxito de un día para el otro es una leyenda urbana. Y cierto es que toda leyenda tiene algo de verdad, pero no se puede construir la hipótesis de existencia de un nuevo modelo comunicacional basado en la excepción, sino en la regla.
Si todo esto lo pudiera hacer cualquiera, o cuanto menos cualquier persona inspirada o talentosa, no sería necesario para las empresas recurrir a SEOs y SEMs tan solicitados en los anuncios de trabajo con los cuales contar para posicionar a las marcas en la red. Digamos que posicionarse es un problema para pobres y aislados, tanto como para ricos agrupados, pero en el mundo en el que vivimos es más probable que quien tiene capital para contratar y reclutar mano de obra, pueda conseguir posicionarse, mientras que una persona común y corriente tendrá que luchar contra más obstáculos para conseguirlo.
Ser parte de la red, ser voz participante o divulgadora de puntos de vista, exige una infraestructura. Todas las infraestructuras cuestan dinero. Cuestan menos dinero que antes, pero hay que pagarlas igual.
La quimera del pequeño grupo emprendedor que arriba al éxito sigue siendo parte del universo de las excepciones. Frente a un pequeño grupo que gana, hay muchos pequeños grupos que se arruinan.
La red tiende a ir convirtiendo los procesos de intervención en algo cada vez más complejo. Se puede intervenir en las redes sociales y en la red en general, pero los medios necesarios para realizar esa intervención se alejan un poco más del alcance de la gente.
El proceso de Internet es sumamente complejo. A medida que crece en cuanto a participantes, va regenerando (y en otros casos generando) nuevas jerarquías. En teoría, siguiendo un poco el hilo de Ramonet, el proceso abierto por Internet entraría en corto circuito con el concepto de jerarquía, sin embargo el estado de jerarquización, de construcción de una nueva pirámide de poder va corriendo en paralelo con la decadencia de los medios tradicionales.
Si lo que se vive es una sustitución de grupos de poder podríamos pensar varias hipótesis, ninguna de las cuales tiene que ser excluyente: una, que en la brecha del cambio de sistema de comunicación y de circulación de contenidos surjan nuevos grupos. Yo llamaría esta hipótesis como optimista. Esto es que habría un espacio abierto para ir creando y generando nuevos parámetros en lo que será el nuevo modelo de comunicación global, y que dentro de ese espacio los que logren adaptarse más rápidamente correrán menos riesgo de extinguirse.
Otra que los medios tradicionales comiencen a construir sus divisiones para responder al fenómeno de la red (cosa que hacen desde años atrás y sostienen a un ritmo constante) y un día determinado liquiden su estructura material para pasar estrictamente al formato digital. Otra es también que los medios tradicionales compren dentro de esos grupos emergentes las alternativas y los profesionales que necesitan para concretar ese traspaso de funciones.
Al ser esto un proceso candente, todavía es muy difícil pensar en cómo puede cristalizar (suponiendo que algún día pueda cristalizar y no es algo descartable). Qué pasará cuando los nuevos poderes que ya circulan por la red se constituyan y se reconcentren. Todo movimiento de cambio tiene en su pico la posibilidad de generar fuertes corrientes que hagan más democrático el funcionamiento, pero también es cierto que históricamente cuando los cambios no ofrecen sacudidas o se desaceleran de forma notoria, lo que viene es la reafirmación de los poderes existentes.
Hoy las grandes industrias de la comunicación tienen todo el capital monetario y humano a su disposición para liderar los cambios, controlarlos y llevarlos por el cauce que desean. Hace muchos años que las multinacionales de la telecomunicación trabajan para diseñar los instrumentos de consumo y reducir el impacto que el acceso popular a la tecnología puede tener sobre la comunicación. Ellas pueden absorber la novedad y pueden controlar los daños colaterales que la novedad trae. Pueden diseñar el mundo alternativo que quieren que sea.
En este mundo alternativo que se va desarrollando, es importante crear nuevos mitos. Sustituir el del emprendedor con capital que monta una compañía, por este hombre o grupo de personas que sintoniza con los tiempos, da en la tecla y avanza con los nuevos rumbos que se abren.

La tesis de lo anterior sería: la democratización de los medios hoy es un proceso en el que algunos pueden entrar a jugar, pero todavía las jerarquías está en las mismas manos de siempre y esas manos son las que se ocupan de rediseñar el futuro y qué lugar y cuánto lugar ocuparán los nuevos.

Ramonet se refiere a una revolución. Yo creo que esa revolución existe, pero como todas las revoluciones pueden seguir caminos posteriores no revolucionarios y mucho menos democráticos. Esto es que si ahora se forman nuevos artífices de la comunicación y circulación del contenido en la red, si esos nuevos artífices cristalizan en el sistema nuevo, replicarán esquemas ya conocidos.
Vamos más allá con una comparación. A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta se produce una revolución en el mundo de la música. El rock and roll es el impulsor de esa revolución. Durante esos años tempranos, surgen grupos y cantantes que serían los arquetipos del nuevo sistema. El rock and roll es el instrumento. Los medios son la radio, la televisión naciente y los medios portátiles de reproducción de música. Pequeños tocadiscos y pequeñas radios. La música está accesible en todas partes. Existen medios de difusión suficientes para crear un hit. En ese entonces la industria de la música que hoy conocemos era temprana. Muchos pequeños productores y pequeños sellos podían sacar a la calle a nuevas voces y generar (o fabricar) éxitos de un día para el otro.
No es la finalidad aquí nombrar o numerar los músicos que entonces surgieron y marcaron tendencias. Me parece más importante pensar en cómo los pequeños productores se convirtieron en magnates o fueron cooptados por las divisiones nuevas de las empresas discográficas de siempre y luego fueron trocando, pero mantuvieron este criterio de blindar cada vez más las formas de acceso de los músicos a la industria. No es que fuera necesariamente más fácil llegar a grabar en tiempos de The Beatles, Rolling Stones o Elvis Presley. Pero lo que sí es cierto es que los procesos burocráticos para llegar al mismo sitio están mucho más hipertrofiados hoy que hace cincuenta años. Nada es imposible, pero la industria de la música tal y como hoy la conocemos regeneró sus estándares durante un período de más o menos quince años, quizás el tiempo que duraron The Beatles, y se asentó en un nuevo paradigma. La novedad disputaba con las formas de reclutamiento de músicos y de trabajo de difusión que existía antes, y seguramente muchos de esos nuevos protocolos y tradiciones se asentaron. La industria musical de hoy, surgida del boom del rock y del pop, es quizás la más amenazada por los cambios que propone Internet. Fundamentalmente porque lo que era el núcleo del éxito, un hit, es hoy más fácil de producir y distribuir que nunca. Así y todo los sellos independientes o grupos nuevos se encuentran con la misma problemática que la industria: cómo rentabilizar un producto.
Es una doble problemática en realidad: por un lado está el tema de los nuevos grupos o nuevos emprendedores que aprovechando la mayor flexibilidad que permite la red intentan hacerse un espacio con todo lo que eso implica en esfuerzo y gastos; y por el otro lado está la industria establecida que cuando publica un hit, no hace falta mucho tiempo para que todo el mundo lo tenga sin pagar. Si una banda nueva tuviera éxito, eso no garantizaría que rentabilizara a menos que se convirtiera en vehículo publicitario de otros. El negocio nunca estaría en la retribución del contenido en sí, sino en la retribución indirecta que supondría la publicidad para terceros, el servir de escaparate para quien tiene el capital y necesita ser visto.
La construcción y nueva acumulación de capital está en la capacidad de ser visto, de tener presencia. Los contenidos originales tienen que ser capaces de generar estándares de visionado. Un hit musical, un vídeo viral, una ficción de pequeño formato, todo tiene que funcionar como en los tiempos del boom de la industria musical. Todo debe ser un hit. En su tiempo había que vender físicamente discos, ahora se tiene que vender presencia. Todo el mundo en realidad tiene que vender presencia. Digamos que no hay contenido que sea válido en términos comunicacionales si no está validado por Internet. No es que salga en la televisión, tiene que ser retransmitido por Youtube. No es que se escuche en la radio, tiene que poder ser bajado y pasado al smartphone.
La red va construyendo sus modelos de industria sobre la base (no excluyente) del modelo de producto de la industria musical. Algo que puede ser empaquetado y transportado a la propiedad personal, íntima. Las fotos, la música, los vídeos son porque son parte de un dispositivos que puede transportarlos y reproducirlos. La clave está en cómo convertir esos contenidos en instrumentos de acumulación y consumo.
En un sentido concreto, un individuo común y corriente, tenga la edad que tenga, acumula más contenidos (no continentes) que cualquier otra persona en el mundo al menos en los últimos veinte años. Tiene más fotos, más videos y más música que el mismo adolescente de 1995.
Digamos que un adolescente de 1990-95 puede haber acumulado una cantidad determinada de contenidos que de una forma o de otra no era sustancialmente mayor a la del adolescente de treinta años antes.
El adolescente de 2005 puede multiplicar el acceso y producción de contenidos de forma exponencial, y el de 2010 puede doblar esa apuesta.
La multiplicación de contenidos genera una serie de movimientos laterales: uno puede ser el mayor ejercicio de la memoria, al menos de forma virtual, ya que para controlar esos contenidos tiene que tener un cierto sentido de que los posee y de dónde o cómo los puede haber almacenado; el otro puede ser la mayor sensación de fugacidad de los contenidos. Ante tanta concurrencia de información, las cosas deben durar menos e impactar más, pero sobre todo durar menos. No es que no hayan imágenes superadoras que marquen el espacio visual y mental de la gente, pero en general el consumo es veloz, el modelo es de comida rápida y no de degustación.
Quizás el elemento más revolucionario de este cambio esté dado en los impactos que se generan en la mente por el uso de estos nuevos medios y por el acceso a este océano agitado de contenidos. Los límites de lo posible semejan ser más extensos y eso tiene que ver con los segmentos de mercado y con la demanda.
Sistematizar implica domesticar a los nuevos consumidores para estar más integrados con el movimiento de circulación de contenidos. Para ser luego ellos quienes ejerzan ciertas formas de control sobre lo que debe ser estándar y lo que no. Pero todo apunta en la misma dirección y esto es a que el nuevo consumidor sea funcional a una industria como la de Internet y se integre a ella. La integración define una forma de participación que desde la base ya arranca como espectador. Un espectador entrenado, en cualquier caso. Y en el tope un espectador profesional. Pero no sólo porque se profesionalice en la manera de ver sino en la forma de operar.
El espectador es un consumidor que se ha entrenado también en el manejo de la tecnología. Sale de su espacio pasivo para integrar un nuevo espacio en el que inclusive puede haber una retribución económica para él.
La mitología de Internet nos propone un modelo de participante activo de Internet que tiene mucho de romántico en casi todos los sentidos: es emprendedor, es talentoso, es práctico, está entrenado y maneja criterios de comunicación. Puede controlar su destino si así lo quiere. La filosofía más clásica del emprendedor comercial lo tiene incluido. No es ni John, ni Paul, ni George, ni Ringo (pero podría serlo), pero sabe tocar, sabe cantar y se sabe mover en los negocios. Está entrenado y adaptado para este medio.
Lo que no nos narra la mitología de Internet es el lado oscuro del mismo entorno, donde los que no son exitosos se convierten en mano de obra de granjas de juegos online, en asistentes técnicos de otros usuarios, en comerciales, en SEOs y SEMs, en chicos y chicas que tuitean para uno o varios.
Un mundo más informal tanto en lo práctico cotidiano como en lo laboral.
Internet está remodelando el mundo en gran medida, es una revolución y al tiempo que genera su revolución y una serie de mitos que sirven para narrarla, genera también sus hordas de desplazados. No son los desplazados de territorios en guerra, pero en alguna medida replican simbólicamente las formas de exclusión que la sociedad tiene preparada porque premia a los más aptos y hábiles y castiga a los iguales. La idea de la diversidad tiene un costado que corta y corta mal, cuando el concepto de lo diverso se convierte en sinónimo de lo exclusivo y con ese mismo criterio se genera el desprecio por lo igual. Lo igual en cuanto a condiciones de igualdad, se mezcla y se enfrenta con el concepto de originalidad. No es ya el concurso de iguales y diferentes, sino de ser originales para no ser iguales a los demás. El problema es que no hay espacio ni dinero para todos. Ni siquiera la originalidad absoluta podría ser premiada porque en este sistema en el que vivimos lo que se promueven son las escalas y en los pisos más bajos hay muy poco para repartir.
En el fondo, en la trastienda de esta propuesta democrática que supone Internet, se oculta la dificultad y el castigo que impone no ser distinto y mejor que los demás. No digo que es algo que queremos, pero es seguramente una imagen que nos persigue.

lunes, 4 de julio de 2011

से

Básicamente me cuesta tomar distancia, no puedo aislarme de la experiencia vivida y del desengaño entre ese 19 de Diciembre y este 15 de Mayo. Me ha costado escribir por eso, y porque no me gusta el rollo autobiográfico de la escritura femenina. En fin, no se puede escapar de todo.

Cuando sucedió el 19 tenía 20 años, volvía de estudiar, y junto a mi Madre escuchamos las cacerolas. Le dije "Mamá, vamos a ser Cuba". Estaba contenta, la formación de izquierda de ciertos sectores de mi familia y de las primeras asignaturas de la Universidad de Buenos Aires habían empezado a calar. Pensé que saldríamos de este régimen, que dejaríamos de ser cómplices al no formar parte. Me aliviaba. Después de todo, hacía un par de años que había terminado mi escolaridad en un centro católico, algo que a lo largo de mi vida me ha hecho confundir responsabilidad y azar con la culpa. Tenía 20 años y me sentía culpable del mundo, estar en el otro lado era más digno.

Cómo llegué al 15M
Aunque sea obvia la imagen: pasó un atlántico. En cierta manera, en el fondo supe que iba a irme pero no sucedió de modo planificado, fue una acción de los últimos años de juventud, de cierre de ciclo cuando ya no la contemplaba. Si algo nos ha dejado la dictadura es el estigma de traición a los que nos vamos de Argentina. Como si fuésemos culpables por no quedarnos a luchar. Una tontería enraizada que funciona perfectamente para separar.
Ya en eso que llamamos España, un par de años después, acontece el 15M.

Entre los 20 y los 30. De la esperanza a la desesperanza a la esperanza en una otra esta época.

Varias semanas antes del 22 de Mayo venía proliferando en las fotos de perfil de twitter de distintos usuarios el hashtag #nolesvotes. Recuerdo que no tenía muy claro si se referían al PSOE. Esa indicación para no votar me parecía negativa por convocar a un debilitamiento de las instituciones, las elecciones, pero también del Estado. Como generación que nació con los últimos resabios de la dictadura argentina y principios de la democracia, tengo respeto al voto y a la representatividad. Así que en fin, ese llamado no me agrado y seguí de largo. Básicamente imaginé que eran peperos.
En unos días el #nolesvotes se extiende, aparece la #acampadasol, la #spanishrevolution. Esas etiquetas comienzan a llenarse de cosas variadas. Hay una categoría que es perfecta para estos casos, se llama "significante vacío" (ver Laclau-Mouffe). Un término o grupo de términos con gran convocatoria en el/los que hay distintos sentidos: algo se toma en diversas direcciones y es necesario que "alguien" se haga cargo de ese algo múltiple para captar la fuerza de todos esos que sostienen algo de eso algo múltiple. En otras palabras, una frase o una palabra que no dice nada (significante vacío, que cada grupo le puede agregar un significado y de la que se precisa de alquien que pueda llevar todos esos significados a algún sitio (dirección/sentido).
Pero ¿qué pasa con esta teoría cuando tenemos redes sociales que permiten organizar a los distintos sentidos y cobrar fuerza?

Un buen sastre vuelve a tomar las medidas en cada visita

Es posible. Pero durante varios días creí que no era posible.
La experiencia del 19, lo que vino después las marchas, las protestas, el patético cacerolazo contra los bancos, las cencerradas de pobres y semiricos para mí, internamente, acabaron cuando Menem sacó mayoría de votos en las elecciones siguientes. Dolor. Algo parecido a la España azul. Parecido no es lo mismo.
Entre mis 20 y mis 30 no sólo pasó un atlántico sino también un mundo milenio. La posibilidad de calificar la reputación de una miembro de una tienda de ecommerce de hace diez años se ha extendido a otras temáticas. Había entre nosotros ganas de separar la paja del trigo aunque sea para comprar pendrives.
Si la plaza es imposible a largo plazo, hay una participación de ventanilla única que es imparable como descargar películas. Es control y es otro equilibrio. Al final las cosas se joden desde dentro: con portátiles, iphones, con movistar orange y vodaphone.
Así, va quedando menos. Es asombroso. Se come nosemuerde la cola. Al final el sueño hippie es posible a través de una red, que en sus orígenes ha sido y es, militar.

jueves, 16 de junio de 2011

El laboratorio catalán

¿Es Barcelona un espejo que adelanta? Quizás, sí. Inequívocamente es territorio de prueba y observación. El operativo de represión y "limpieza" de Plaza Catalunya del 27 de mayo, fue el primer experimento que el poder ensayaba con los movilizados. Con ese resultado en vista, actuó la policía en Madrid y en Valencia; con la plena conciencia de que pegar tiene consecuencias y un costo político.
Desde hace varios días el movimiento iniciado el 15-M ha entrado en su Fase 2. Esta fase tiene dos características: a) la descentralización de la lucha política, que se mueve de las plazas a los barrios (y que más tarde o más temprano impactará en otros sectores sociales organizados, no sólo geográficamente); y b) la focalización de un plan de lucha. Ese plan de lucha cubre a su vez dos aspectos: el político y el social. En términos políticos se manifiesta frente a los representantes públicos evidenciando el reclamo de cambios profundos en el sistema, y en términos sociales se colocan en primera línea frente a las situaciones derivadas de la crisis: desalojos, pensionazo... No podía ser de otra manera.
Lo que ayer sucedió en Barcelona es un paso más avanzado de una crisis en curso. Crisis económica que deriva en una crisis de representación. Esta es la brecha más sensible del momento y con ella juega el poder. Y que quede clara una cuestión desde el principio: no importa cuán profunda pueda ser la crisis que el sistema de partidos pueda estar atravesando, su actitud va a ser consistentemente agresiva ante cualquier desafío venga de quien venga. Que esta actitud se vea de forma abierta o embozada dependerá del precio de las consecuencias, no de su voluntad. Y si hay algo que resaltar de este momento es que el poder está haciendo pruebas sobre cómo desarticular y desprestigiar a un movimiento que es esencialmente crítico y que cuestiona la legitimidad del sistema actual.
Mucho se ha hablado y analizado sobre lo que sucedió ayer en Ciutadella cuando los movilizados buscaron impedir el acceso de los diputados para que no se votaran los recortes. Un comentario de Jordi Gracia en El País apunta a que la inactividad de la policía en este episodio, contrasta con la actitud tomada por los mismos Mossos d'esquadra cuando quisieron "limpiar" la Plaza Catalunya. Muchos golpes entonces, pasividad ayer. Y que esa pasividad sería cualquier cosa menos inocente, ya que habría buscado dejar a los manifestantes como radicales y exaltados. Un operativo público y de comunicación.
En otros comentarios del mismo periódico ya hay quienes empiezan a decir que el 15-M va a la deriva, se radicaliza y se aleja de su esencia cívica y pacifista, para pasar a una fase violenta, radical y antisistema. Mientras las acampadas fueron una expresión inofensiva y colorida de un reclamo político profundo, muchos intelectuales progresistas se otorgaron el permiso de celebrar esa voluntad de cambio "sin dolor". Ahora que las cosas avanzan hacia el ojo del huracán, ya no parece ni tan pintoresco ni tan seductor el asunto. Es entonces cuando los medios de comunicación "progres" dejan de ser comprensivos y comienzan a presentar esta nueva situación como un "lado oscuro", un camino no deseado que se está empezando a recorrer. Lean muchos artículos de hoy y lo que se desprende editorialmente de las crónicas y verán cuál es el punto de vista que se trata de dar.
Es inevitable que las cosas se pongan más tensas. Los dos planteos de fondo que acompañan al movimiento que despegó el 15-M apuntan al corazón no sólo del sistema de partidos, sino del sistema en general. El que los partidos no representen a sus votantes y se arroguen una discrecionalidad muy lejana de sus mandatos, no es sólo una actitud moral sino funcional. Para que el sistema que hipoteca el futuro financiero de las personas y el presente laboral de muchos se mantenga, hace falta crear un entramado en el que nada es casual y donde los políticos son la pieza clave para que empresas y bancos consigan lo que quieren. Si esto no ocurre, España no podría funcionar tal y como el poder lo desea; como hasta hoy ha sido y como quieren que siga siendo. Pero ahora alguien, muchos en realidad, desafían el status quo. Y el poder, eso que llamamos convencionalmente poder pero que tiene nombres, apellidos y responsabilidades concretas, no va a dar nada sin batalla.
A día de hoy ha habido choques, episodios, pero el agua no ha llegado al río. Los vencedores de las elecciones del 22-M quieren desactivar no ya solo la presencia de los acampados, sino desarticular lo que es un programa político que les desafía. Saben los que ganaron que ese programa no tiene representación parlamentaria, no tiene presencia alguna en partidos o en sindicatos; esto implica para ellos que en su casa, del patio para dentro, el 15-M no representa ningún peligro inmediato. Pero en las calles, sí. En las calles el desafío lejos de desactivarse, se recicla. Las movilizaciones realizadas y las previstas para estos días son todo lo que no quiere el poder. Y el poder es una administración del PSOE debilitadísima por los resultados electorales, y un PP y fuerzas regionales que han emergido para ocupar un cierto espacio vacío y que desearían erigirse en los salvadores de lo que vendrá. Para conseguir eso necesitan que ese movimiento que les desafía, desaparezca, se quiebre o quede desprestigiado. Lo sucedido ayer en Barcelona es la búsqueda del poder de dividir a un movimiento, por si eso les sirve para herirlo de muerte. Enfrentar a "civistas" con "radicales" y alertar que el camino radical será seriamente reprimido. Eso es lo que dijo ayer Artur Mas.
Quienes detentan el poder son conscientes que el 15-M es un movimiento muy heterogéneo que a día de hoy ha conseguido un cierto consenso interno, pero que está marcado por la diversidad. Esta conciencia está también presente en el seno del movimiento y, quizás, el apelar tanto a un mecanismo de consenso para funcionar y sesionar sea la única manera práctica de existir y de que se equilibren las distintas visiones.
El deseo de que exista una voz representativa y unificada que debata de igual a igual con el poder, es un plan difícil de cumplir sin que algunos o muchos no sientan que se muerden la lengua. Así y todo, desde el momento en que los debates dejan lugar a la acción y a un plan de acción, es inevitable que los choques con el poder político y mediático, y por supuesto policial, empiecen a tener lugar. El poder va a jugar sucio, acostumbrémonos todos. No va a haber un fair play y aún con tácticas de resistencia pasiva como las apeladas el día de la asunción de cargos en Madrid, pueden desatar represiones. De bajísima intensidad como entonces, o de intensidad un poco más elevada como en el caso de Barcelona.
Y no es que hoy en Barcelona se esté jugando el futuro del movimiento, pero sí se están poniendo en juego las tácticas y los peligros de lo que vendrá. Y aunque el poder se defienda como un león viejo, no hay que olvidar que tiene capacidad de hacer bastante daño si quiere. También es cierto que cuando el 15 M aspira a mantener un nivel de representatividad importante en sus propias filas, el peligro de la división estará más presente que antes porque la temperatura de la lucha aumenta, y más lo hará si las cosas van en serio, como los propios movilizados lo declaran. Las cosas se transformarán para todos, sin exclusión, en el territorio de lo posible, más que en en el territorio de lo deseable. En los días de la acampada el discurso combinó lo utópico con la denuncia política. Y al hablar de utópico no me refiero a los objetivos sino al lenguaje elegido para expresar el descontento y la denuncia. Cuando de ese lenguaje más general y abierto se pasa a uno más urgente y concreto, todo cambia, y cambiará más todavía. Uno de los peligros prácticos para el movimiento podría ser el hecho de quedar prisioneros en una nostalgia de esos días de poética indignación, en los que se pensaba que todos podían ser uno, una voz y un espíritu. Al avanzar la acción, el consenso se volverá más difícil y no hay que temer que esto pase. Llega la hora de integrar al disenso y la discusión interna. Al menos si lo que se quiere es que la acción avance al terreno de cambios reales. Quizás la señal que se emitió desde Barcelona ayer, a un mes exacto del 15 M, sea una confirmación de que los tiempos de recostarse en la nostalgia, ya empiezan a quedar atrás.

viernes, 27 de mayo de 2011

Palos

La represión con la que acometió la policía en Barcelona esta mañana es un indicativo de lo que puede venir; pero también es un emergente de la situación de crisis que se está viviendo en toda España.
A algunas de estas situaciones se las evalúa con preguntas, como por ejemplo: ¿incidió el movimiento 15-M en el resultado de las elecciones del 22 de mayo? Sí, sin lugar a dudas. La crisis que está enfrentando el PSOE ocurre contra este telón de fondo. El gobierno de Zapatero está muy debilitado y quiere cerrar en días un proceso que les impacta igual que un tsunami. La renuncia de Carme Chacón a competir por liderar el partido es un sacrificio que apunta, como señal, a decir que se rebajan las tensiones internas y que se prioriza proteger el aparato del partido de las réplicas de este maremoto.
¿Cuál es la prisa de cerrar, casi por decreto y con tufo a golpe interno, esta crisis del PSOE? La prisa está en que ya al día de pasadas las elecciones el PP pidió que se adelantaran las generales. No es ya que el partido de gobierno no pueda responder con lógica y legitimidad a este reclamo, pero no tiene la entidad ni la confianza política interna suficiente como para enfrentar el embate. Entienden que unidos pueden estar un año más en el poder y tratar de recomponerse un poco. Pero los tiempos del deseo no son los tiempos de la realidad. Ni para el PSOE ni para nadie. Y en momentos críticos como éste los intentos de ir por delante de los acontecimientos, sólo pueden desatar más crisis.
¿Se puede responsabilizar al movimiento 15-M de esta situación? Por supuesto que no. El movimiento no es más que un emergente de una crisis estructural más grande, que se dispara por lo económico pero afecta a la base del sistema representativo. El PSOE, independientemente de que su política de estado apunte a proteger los intereses del establishment, tanto o igual que lo haría el PP, siempre tuvo que ofrecer caminos alternativos porque su electorado tiene inquietudes y presiones sociales más urgentes que las de los populares. Así siempre su desempeño se lee (y se seguirá leyendo) como contradictorio. Zapatero y su equipo de gobierno se inmolaron durante estos años de crisis buscando estas salidas en estéreo, que tranquilizaran al capital y convencieran a sus seguidores de que las medidas de austeridad eran la única alternativa posible para que el sistema económico no cayera en picado. Grecia fue un fantasma para Europa y sobre todo para España que trabajó un discurso y una acción político económica apuntando a convencer de que aquí no pasaría lo mismo.
Lo que saben en la administración Zapatero es que no sólo la perspectiva de la violencia es algo a temer, o que se quiebre la economía, sino también el hecho de pasar abiertamente a una situación de país de "segundo orden". No ser Grecia, Irlanda o Portugal.
Que haya habido conflictos fuertes tanto en Gran Bretaña como en Francia no es una compensación, ya que son economías y sistemas más fuertes que históricamente en los últimos siglos han encontrado formas de reciclarse. Para España esta alternativa toma a veces tintes dramáticos: no retroceder en el tiempo, ni en la importancia ni en el valor. Pero el precio a pagar es muy alto y esta crisis en curso es el síntoma de un agotamiento. Entrar en ese ciclo será sinónimo de agravamiento de todos los aspectos de la vida cotidiana, y la conflictividad y la violencia no estarán entonces ausentes. Al menos tal y como lo habían estado hasta ahora.
El triunfo del PP el 22 de mayo, así como de otras opciones políticas, ha colocado un cierto bando de vencedores que quieren aplicar su propia receta de enfrentar a la crisis, así como también quieren aplicar sus fórmulas para contener todo lo que sea oposición y disenso. El movimiento 15-M dio el disparo de salida para una caída en picado del PSOE, pero ahora se encuentra con el PP en la primera línea de defensa. Políticamente los populares siempre apuntaron a gobiernos fuertes, de régimen duro, y nada demagógicos. Son de un estilo thatcherista, neoconservadores, cuyo plan de ataque a la crisis no va a ser precisamente ampliando libertades democráticas (que es lo que el 15 -M reclama) sino conteniéndolas o recortándolas. No es una organización política que acostumbre a trabajar con movilizaciones y voces disidentes a sus espaldas. Austeridad, disciplinamiento y silencio es lo que piden y necesitan para poder operar con tranquilidad, y es lo que van a tratar de conseguir.
Por eso le piden a Rubalcaba, como Ministro del Interior y Jefe de la Policía, que actúe; que desaloje la Puerta del Sol y todos los focos de resistencia. Quieren que el gobierno que ya está quemado se termine de incinerar con una acción policial como la que hoy se llevó a cabo en Plaza Catalunya. Lo que para los vencedores de las elecciones podría mostrarse como una medalla de triunfo, si consiguieran sus objetivos, para el PSOE sería una lápida de mármol. Así y todo como la crisis no da opciones, ya se sabe que lo que ha logrado la represión es desatar más adhesión y más simpatía. La brecha entre movilizados y administraciones políticas se hace aún más grande y a cada golpe a los acampados, la cohesión se volverá cada vez mayor.
Al movimiento esto lo coloca en un lugar que le exige mucha más muñeca política, porque lo que está en juego es su supervivencia. Digamos que la crisis de representatividad no les hace las cosas más fáciles, sino que los coloca en un sitio mucho más exigido. Les pide más a ellos que a nadie, porque son quienes encabezan el desafío y tienen que demostrar que están a la altura.
Tener cabeza política clara en estos casos no es ceder a las acusaciones de "falta de limpieza", de "chabolismo", de "hippismo" o de lo que sea. Es estar completamente en contacto con el corazón del porqué se están movilizando y no distraerse de ello. No tratar de abarcar más territorios de los que se pueden gestionar.
En los días que pasaron la situación de la acampada de Sol estuvo cruzada por la posibilidad de desmontar el campamento por propia voluntad o seguir reclamando. Desmontarlo disipa, o disiparía una situación crítica, mientras continuarlo implica tomar decisiones todo el tiempo. Más o menos acertadas. Arriesgar y tratar de salir adelante. Esta situación de tener que optar entre seguir o retirarse, pone al rojo vivo el tema del liderazgo. Entre el 23 y 25 de mayo las actividades, las comisiones y las asambleas crecieron de manera exponencial. Al punto que el propio 25 era posible leer en la página oficial de la acampada que había un plan de asambleas, para el día, de unas cinco asambleas cada hora o cada media hora. Hubo en respuesta una reacción en los seguidores de la página, atentos a los cursos erráticos que se estaban produciendo. Una respuesta tan contundente no podía ser ignorada bajo ninguna excusa. Les decían que tenían que volverse más concretos y más concisos a la hora de hacer política. Alertaban de los riesgos de la dispersión. A esto se le sumaba también una forma de funcionar que se volvía paralizante. La propuesta de que asambleas de decenas de personas resolvieran por consenso era un bloqueo absoluto. Con que uno se negara, todo lo discutido caía en saco roto. Así con muchas asambleas y un modelo democrático de consenso, el actuar y resolver se tornaba impráctico. Ya para el día 26 habían recibido la señal y estaban cambiando el rumbo. A día de hoy, 27, decidieron concentrar los reclamos en cuatro puntos.
Pero si hasta la mañana de hoy lo que primaban eran las dudas sobre el curso de la acción, los golpes dados a los acampados de Plaza Catalunya ha vuelto a volcar los ánimos a favor de continuar. Esto indica que lo que ocurre supera las voluntades tanto individuales como colectivas. Quienes acampan son vanguardia visible de una situación política en la que mucha más gente está comprometida, aunque no acampe. El que se debata a través del blog (como fuera de él) sobre el curso de las acciones de los que están estacionados en Sol, indica que no se espera de ellos otra cosa que la de impulsar, dar cauce, y oficiar de primera línea en los planteos. No se entiende que sea un organismo autónomo y con fines propios. Se espera que representen. Precisamente lo que han logrado es encarnar lo que se entiende por representar. Estar en un sitio de responsabilidad, escuchar a todos los que allí están, pero a la vez escuchar tanto o más a los que les apoyan y les siguen. Lo otro sería el modelo de representación que ya existe que es priorizar las urgencias y los intereses de los que están presentes frente a los que no lo están. El consenso más importante que hace falta es el que una cuota muy importante de la sociedad le ha otorgado a los que acampan para que defiendan y representen un deseo de cambio. Que se vuelva real y trascienda lo utópico depende de que una mayoría lo crea y lo respalde. Y todavía hay que dar pasos muy sólidos para que esto ocurra.

lunes, 23 de mayo de 2011

Ágora

Cada tiempo y cada movimiento sintetiza su mística de formas inesperadas. Desde el 23 de mayo, un día después de las elecciones municipales y autonómicas en España, la situación cambia, las perspectivas cambian. Los acampados en Sol empiezan a trascender las fronteras de lo inmediato. Esas fronteras no estaban definidas por sus objetivos sino por la urgencia política que marcaba los tiempos de un país entero. Ahora los tiempos serán otros.
El campamento de Sol no tiene poder pero sí autogobierno. No manda más que sobre los autoconvocados y aquellos que acepten las reglas que por consenso se han decidido seguir. Hay una organicidad en su funcionamiento que es profundamente política y que empieza a indagar en cuáles son las condiciones de su supervivencia. Toda nueva propuesta política, entendida como organización práctica más que nominal, es un experimento que se arriesga al triunfo, al hundimiento o a la transformación. En ese sentido Sol es una comuna. No como la que gobernó París durante dos meses, pero sí el embrión de un organismo que tiende a la funcionalidad.
En la comuna de Sol hay comedores, guarderías, bibliotecas, una zona donde recibir aportes, una comisión de infraestructura que hace que el campamento circule y respire, una comisión de respeto que ayuda a que el espacio habitado se mantenga limpio y decente y no agreda a aquellos que no participan del movimiento, una zona de memoria para acumular el material que se produce en el día a día, una zona con periódicos y revistas, una comisión de comunicación y portavocía, una comisión legal, una zona para pintar los carteles que son en gran medida los gritos permanentes más fuertes que generan los acampados; y por supuesto hay asambleas de coordinación. Es entonces un espacio que se gobierna, que elige estar en constante movimiento y que busca las formas de alentar la continuidad.
Parte de esta experiencia es la búsqueda de cómo sumar a la actividad a los que allí vienen residiendo o quieren acercarse. Los toldos de plástico que unos días atrás fueron guarida ante las lluvias se vuelven hoy un poco calurosos para los efectos prácticos. Voluntarios van entonces por las distintas arterias del campamento rociando a la gente con agua para aliviar el trance. Hay un despliegue de labores e ingenio. Hay placas solares que son una forma energética novedosa que aplicada a este mundo puede ser bastante efectiva, teniendo en cuenta la geografía y el alcance. Se recicla. Todo el tiempo. Se buscan reformulaciones constantes para el espacio. Digamos que todos los saberes se ponen en práctica.
Mucho se ha hablado de la formación de esta generación que ha pasado por las universidades, que tienen idiomas además de carreras, y que en vez de integrárseles a la sociedad se les ha marginado. Son quizás los elementos formales más fuertes con los que se discute a partir de que se les ha dejado impunemente fuera. Pero hay más.
Esta generación amén de haber sido parte del proyecto Erasmus que les llevó a otras fronteras a continuar sus estudios, también se ha visto involucrada en proyectos de cooperación en lugares del mundo menos amables, donde las crisis golpearon más y los problemas de infraestructura y desarrollo alcanzan un estado dramático. Esta generación ha estado y está entretejida con proyectos solidarios con los menos agraciados y está muy comprometida con la diversidad. Y cuando se plantea la diversidad hay que mirarla en un sentido profundo y no nominal. Primero y principal porque ellos mismos están cruzados por esta diversidad. Ellos son diversos y necesitan encontrar fórmulas que integren lo diverso y no lo expulsen. Sea en sexo, nacionalidad, etnia, género, forma, condición.
Experiencia, experimento, taller, laboratorio, son palabras más o menos frías, más o menos imprecisas para definir lo que involucra Sol. El desafío democrático aquí se plantea como discurso alternativo a una realidad en la que lo democrático está vaciado de contenido y que encima ahora se descascara. Lo cierto es que la experiencia desafía muchos conceptos de lo democrático en cualquier lugar del mundo y no solo en España.
Sol es ante todo un embrión y está gestando. Gesta de manera rápida y contundente. Lo que entrena en sus pasillos de tiendas cubiertas de plásticos, con mobiliarios reciclados y, reitero, mucho ingenio, es parte del mensaje que están intentado dar. Supera lo generacional aunque ahora los voceros sean jóvenes y plantea algo que se funde en otros cuerpos sociales que reciben el impacto.
Ahora son todos desafíos de supervivencia; toca recrear una mística de intervención y acción que no asfixie al movimiento por encierro. En el contagio está parte de la clave. En ir más lejos de las provisionales fronteras ahora marcadas por esos techos plásticos. La iniciativa de asambleas barriales para el sábado 28 de mayo es parte de la extensión del fenómeno. Si prende, puede ir a más. No hay que olvidar que en las ciudades de España, en todos los puntos cardinales, hay réplicas. Y nada es casual.
Ejercicio o experimento, es la búsqueda de una salida a un callejón crítico en el que está encallándose la política en España. La derrota apabullante del PSOE deja a un gobierno más débil, con muchos flancos expuestos. El PP se emborracha con el triunfo que es como emborracharse frente al abismo. Ciegos y sordos, para agravar las cosas, aunque no mudos. Si al menos fueran mudos hasta se podría decir que acusan un poco el golpe. España está en crisis de representación y no porque lo digan los acampados de Sol, sino porque las fórmulas neoliberales y neoconservadoras apuestan por un modelo de desarrollo que será aún más excluyente que el actual. El PP puede creer que la ingeniería electoral les protege de las consecuencias de lo que puede venir y eso es una mirada miope.
Desde el 23 de mayo España está en situación transicional. Una carrera que se corre en los pasillos del poder, pero que también se está trabajando en los pasillos de Sol. De Davides y de Goliats también puede ir un poco la cosa. Hoy la realidad pide menos verborragia y más ojos y oídos en estado de compromiso activo. Si no la brecha que hay abierta será dramática.
Hoy toca defender ese ágora palpitante que es la acampada de Sol para que la voz y el trabajo que están ensayando no se aborte. Se apuntan otras y nuevas formas. Por eso hay que apostar por la continuidad de un proceso que tiene que traspasar sus límites geográficos y prácticos. En su maduración también se juega el futuro. Para pasar a ser actores y no tan sólo testigos. Ese es el desafío.

jueves, 21 de abril de 2011

Vigilia


Veinticuatro Pascuas atrás miles de argentinos salimos a enfrentar el levantamiento carapintada que lideró Aldo Rico. En esta Pascua de 2011 volvemos a ser conmovidos por la desaparición de Víctor Martínez, testigo clave en uno de los juicios contra los represores de la dictadura. No es el primero. Ya ocurrió esto con Julio López y a día de hoy no sabemos nada de él. La suerte de este nuevo desaparecido parece correr por derroteros "más felices". En la madrugada de hoy ha aparecido con vida. Fruto, podemos pensarlo sin temor a equivocarnos, de que otros miles de argentinos desde sus casas y a través de las redes sociales iniciamos nuestra propia vigilia pidiendo que este hombre sea encontrado y sea encontrado con vida.
No traigo el recuerdo de la Pascua de 1987 en vano. Creo que en él hay otras similitudes. La primera es la de una población alerta y demandante, que decía que no se podía volver atrás y que la democracia era una conquista a la que no se iba a renunciar. Ese era el mensaje claro, mientras entre bambalinas el gobierno de Alfonsín negociaba con los sublevados y enviaba unas tropas fantasma a aplacar el levantamiento, lideradas por el General Alais, cuyo lento avance podría haber llenado de vergüenza a una tortuga real. Claro que esto se debía a una diletancia fundamental, ya que no había ninguna intención de reprimir a los carapintadas. Se negoció con ellos y como resultado se les dio en prenda una ley como fue la de Obediencia Debida.
La suerte de nuestro país está cruzada por la política de derechos humanos, no sólo en cuanto a lo que implica en sí resolver la tragedia de los desaparecidos durante la dictadura, sino también porque la legislación que de este tema resulta es la que marca los condicionantes políticos de nuestra democracia. Podríamos decir que nuestra democracia es y existe en tanto y en cuanto hay un cuerpo de leyes que determina los límites de la impunidad por crímenes cometidos con el estado y qué tipo de persecución tienen estos delitos en tiempos de la democracia. La suerte de los testigos físicos que declaran en juicios contra represores, es determinante de este estado de cosas.
La desaparición flagrante de Julio López durante el juicio a Etchecolatz, puso en un primer plano este estado de cosas. Y lo puso en un estado de tensa espera. López fue (y es) una prenda tomada por esta red que aún legitima en las sombras lo actuado por la dictadura durante el 76-83. Creer que esto sólo involucra a los directamente implicados y no a herederos activos de este tipo de modus operandi, nos expone a ser excesivamente ingenuos. La tarea es mucho más grande y tiene mayor alcance práctico que lo que determina una ley que auspicie los Juicios de la Verdad.
Desde la CONADEP, pasando por los juicios a las Juntas, y llegando a los Juicios de la Verdad, mucha gente ha pasado a dar sus testimonios con gran valor, a sabiendas de que hablar y declarar es ganarse enemigos mortales. Estos enemigos, algunos nombrados y otros en las sombras, saben que lo que está en juego es su estado de libertad y también sus cotas de poder y dinero acumulado en los años de plomo. Pero al mismo tiempo el sistema y el grupo humano que lo llevó a cabo y que se vio cuestionado al volver la democracia, no desarmó jamás su entidad vigilante y represiva.
Una de las formas que se entendió fundamental para detener a este grupo (nada pequeño, por supuesto), es recurrir a los medios que el estado de derecho da y que permiten juzgar a los que hayan perpetrado crímenes contra la humanidad. Fijémonos si esto no es importante que desde todas las corporaciones simpatizantes de la represión, se buscó siempre torcer las leyes más obvias para que el estado de impunidad siguiera intacto. Eso pasó durante años en Argentina y es por eso que el reclamo y la urgencia de llevarlos a juicio sigue hoy más vigente que nunca. Pero con juzgar no alcanza.
Hasta la desaparición de Julio López se podía argüir que aún no había pasado nada en treinta años de democracia y que todo sucedía con relativa "normalidad". Pero desde 2006 esta ecuación se acabó.
La desaparición de Víctor Martínez deja la herida expuesta de dos cuestiones fundamentales: a) De que los involucrados en crímenes perpetrados durante la dictadura están activos y no están solos. No son cuatro viejitos defendiendo el rancho. Hay una red que históricamente perpetúa sus acciones y sus fines, y que no duda en repetirlos si hace falta. Sólo están condicionados por una situación política que no les deja las manos libres; b) El sistema de protección de testigos es pobre, si no inexistente. Sin garantías de seguridad para ser testigo de acusación pública contra criminales pertenecientes al ejército y la policía, no se puede operar. Esta sociedad no puede bancar la desidia de que cada tanto desaparezca un testigo como cordero sacrificial de bandas de delincuentes que se escudaron en el estado para cometer actos criminales y que durante la democracia se escudan en su condición privilegiada de ser miembros de la fuerza de seguridad (y por portar armas) para tratar de no ser imputados por sus delitos.
Si el gobierno ha impulsado como una medida privilegiada y cierta los Juicios de la Verdad, tiene que generar todos los medios y facilidades que le permite el poder público para llevar a cabo esta tarea, y esto en términos prácticos es un verdadero Programa de Protección de Testigos. Habrá que discutir cuáles son sus características, pero está claro que las actuales son inservibles. No puede el Ministro de Justicia Julio Alak decir con tanta impunidad, que Víctor Martínez "no estaba incorporado a medidas de asistencia o seguridad porque no hubo pedido al respecto"
No se puede ser tan cínico. Ser testigo en causas que trascienden lo meramente criminal, que son causas políticas, a las que el estado promueve enfrentar, no puede dejar al libre albedrío de un testigo o a su azar callejero, que determine si vive o muere; si se queda encerrado en una casa o si puede ser secuestrado cuando sale a comprar al almacén de su barrio. Nada más lejano a cualquier concepto de testigo protegido.
Ser testigo de este tipo de crímenes es una carga pública y es al Ministerio público (en este caso Justicia, pero que envuelve a todo el estado), hacerse cargo de la seguridad práctica de cada hombre y mujer dispuestos a declarar. Debe trabajar en la protección de ellos y de sus familiares y proporcionarles todos los medios que le permitan realizar su tarea y que a la vez sean compatibles con su seguridad física. Es un mal chiste que se deje a los testigos convertidos en blancos móviles para que los antiguos represores y sus cómplices de hoy se den el lujo de levantar a alguien en la calle y hacerlo desaparecer.
Hoy es el momento de responder a estos imperativos, que no son menores que los que determinaron los episodios de Semana Santa del 87, ni por su cantidad ni por sus implicaciones.
Hay una primera parte urgente que es investigar a fondo qué pasó con Víctor Martínez. Cómo se lo secuestró y que trama de situaciones operó en este episodio hasta su reaparición esta madrugada en Flores. Hay que discutir la situación de la causa que el propio Alak dice que ha sido alargada exageradamente poniendo en más peligro al testigo. Pero hay que discutir sobre todo el estado de seguridad de este testigo y por contigüidad el de todos los demás. Porque no alcanza con pensar que un juicio puede ser largo para evaluar los riesgos de la seguridad de una persona. Aunque el juicio termine, cabe la posibilidad de la represalia. De represalias planificadas o aleatorias. Si el estado no contribuye de forma efectiva a la protección, entonces está facilitando el camino de llegada a sus testigos. No hay lugar para dobles discursos en estos temas; y la declaración de Alak es en concreto un doble discurso.
No podemos dejar que nada de esto vuelva a pasar nunca. No podemos dejar que nos vuelvan a mandar a casa con unas "Felices Pascuas". Ahora más que nunca nos toca a nosotros ejercer ese estado de vigilia que nos corresponde a todos y cada uno porque la seguridad de hombres como Víctor Martínez o Julio López es un tema de todos y cada uno de nosotros. Aunque está clarísimo que la instrumentación final y práctica está y estará siempre en manos del Estado; estamos delegando en el poder político esta prerrogativa tan cara a toda nuestra democracia. Lo menos que nos merecemos es que se vaya a fondo con el tema y se empiecen a dar respuestas ya. Para diletancias en el tiempo ya nos alcanzaron las del General Alais.

martes, 22 de marzo de 2011

La falsedad

Creo que hay gente que miente, gente que cree sus propias mentiras y gente que cree las mentiras que otros les cuentan. Para que las mentiras funcionen tienen que contener algo que se parezca a una verdad, porque si no sería insostenible cualquier diálogo. Pero precisamente por la existencia de esa verdad adulterada, es que se hace tan difícil llegar al fondo de las cosas.
En ciclos de cinco a diez años, algún grupo de intelectuales autodenominados progresistas, la mayoría de ellos asalariados del periodismo, funcionarios sin gobierno de las redes de comunicación globales, con el diario El País a la cabeza, oscilan en sus fidelidades a tal o cual campaña militar que se despliega por el mundo. Yugoslavia, sí. Afganistán, sí con condiciones. Irak, no. Libia, un sí hiper incondicional. Estas oscilaciones en un periódico asociado a un partido socialdemócrata, vienen con la convicción de que provienen de un centro casi absoluto e irreprochable. La idea de centro no es sólo política, sino también de conciencia. Hay una conciencia de eje del pensamiento que coloca a derecha o izquierda, en sentido de descalificación, cualquier postura que no condiga con ese centro.
No hay ya un escaso sino un ausente cuestionamiento a estas formas de pensar la realidad. Por el contrario, ellas se retroalimentan convenciéndose de estar en lo cierto y se blindan. Así es que en esas formas, encuentran otras, defensivas, en las que buscan protegerse. Para este fin construyen analogías. Y aquí es donde caen en los mismos viejos pantanos.
La construcción de una analogía no se hace con caprichos, y menos aún en historia. Su carácter provisional es más importante todavía que lo que pretende aseverar. Y habría que decir que la acumulación de malas construcciones analógicas constituyen mentira, si no dolosa, por lo menos culposa. Pero no están lejos del dolo.
Javier Valenzuela en El País dice, para discutir con quienes están en contra de la intervención "aliada" contra Gadafi, que la comparación que se hace con Irak 2003 para estar en contra de ir a la guerra, no es válida, y que la referencia tendría que ser España 1936. Dice, que si Gran Bretaña y Francia hubieran decidido intervenir a favor de la República española, otra historia se habría escrito.
Sobre esta analogía la conciencia progresista española y también internacional ha abonado sus apoyos por lo menos en tres guerras: la de Bosnia, la de Kosovo y ahora la de Libia. Tres situaciones de conflicto interno devenidas en guerras civiles de diversa intensidad.
¿Qué falla en este análisis? Demasiadas cosas:
1) 1936 no es 2011. Entonces el mundo no había determinado una hegemonía. Un bloque liderado por los alemanes e italianos en unos años más disputarían el control del mundo, no ya de un país. La situación de Gran Bretaña y Francia era entonces cuanto menos compleja. No eran tan fuertes como lo son ahora. No estaban dispuestas a devolver el puntapié que implicaría quizás entonces adelantar tres años una conflagración mundial que ocurriría, lo quisieran o no, un poco más tarde. Y si quisiéramos tener noción de lo complejo de aquel tiempo habría que saber también un par de cosas más: Gran Bretaña estaba tironeada por dos fracciones en su poder, y una de ellas estaba plenamente dispuesta a aliarse a Hitler. No a pactar con Hitler como hizo Stalin un tratado de no agresión, que también cayó como un castillo de naipes, sino a aliarse y juntos buscar la dominación del mundo. Lo que hoy parece claro, entonces no lo estaba.
Y el segundo elemento era la propia Francia, que demostró que no era contrincante para los alemanes de entonces, ya que la ocupación de su territorio, no fue tan complicada. Querer o creer que los países europeos no fascistas de entonces iban a librar una guerra por las buenas ideas y el bien de otras naciones, no resulta más que una ilusión. Lo cierto es que la suerte de España dependió de varios factores y el sueño democrático de lo que se pudo haber sido, no es más que una revisión del pasado, una expresión de deseo, pero no un curso posible de la historia.
2) Ayudar a los demócratas libios es lo que sostiene Valenzuela, como se debería haber sostenido a España. Lamentablemente todo es un problema de puntos de vista. En 1936 el ejército consideró que la existencia de un República que auguraba la posible llegada de una tiranía marxista era razón suficiente para alzarse en armas, y si triunfaron, en términos prácticos, era porque no estaban solos. Gadafi tampoco está solo y él es el que está en el poder. No es ni el gobierno republicano del 36 ni es Franco. Es otra formación. La revuelta popular tomó formas cada vez más violentas porque el propio régimen libio llevó su apuesta por derrotar a los manifestantes al punto del exterminio. Quizás este grupo rebelde sea demasiado débil para hacerse con el poder, quizás pueda ser derrotado sin ayuda, lo más probable es que no. Entonces en la mente progresista surge la idea del socorro al débil y si hay que recurrir a la guerra para concretarla, adelante entonces.
3) Hay un problema con las intenciones. Y obviamente también con los puntos de vista. Valenzuela dice que en 2003 Bush quería reafirmar el poderío del imperio estadounidense, pero en 2011 Francia, Gran Bretaña, España y EEUU quieren colaborar con el impulso democrático de un pueblo y que un tirano caiga. ¿No era lo mismo que decía Bush para Irak? Además, claro, de encontrar las armas de destrucción masiva. ¿Qué cambia entre una situación y otra? Las redes de alianzas. Y estas redes están definidas primero por qué administración está en EEUU. No solo para el pensamiento sino para la red concreta de construcción de poder internacional, Bush no es lo mismo que Obama. Al menos no lo es para el conglomerado progresista. Precisamente la forma en que Valenzuela plantea su esquema es decir que lo de Bush es una mentira orquestada para encubrir intenciones oscuras y viles. No así una alianza bendecida por Obama, que ya si está liderada por un Premio Nobel de la Paz, podría ser insospechable. ¿Insospechable de qué? ¿De no tener una agenda para el mundo árabe? ¿De no decidirse si respaldar o no a Mubarak en su momento? ¿De avalar a Francia, a la cabeza de las naciones europeas preocupadas al punto de la histeria por no tener asegurada su cuota de combustible que viene precisamente entubado desde Libia y sale de la zona que hoy ocupan los rebeldes?
4) A Europa le importa un pepino la democracia y el republicanismo y el espíritu de la Revolución Francesa y de 1848 para las naciones árabes. Esta no es una guerra democrática. No es una guerra revolucionaria. Desconozco tipo alguno de guerra revolucionaria llevada a cabo por los dueños del mundo. Creo que este tipo de paradoja práctica sólo puede ser imaginada por un iluso socialdemócrata o por un mentiroso. ¿Un dueño de empresa listo a usar su ejército de seguridad para que los trabajadores se organicen democráticamente? En plena democracia de cualquier rincón del mundo, ¿alguien ha visto a algún empresario otorgando alegremente cotas de poder a sus empleados? Libia es un socio menor de los países centrales que le compran petróleo a precio más o menos vil de acuerdo a lo que necesiten. Quieren un proveedor serio, no un régimen democrático. A los únicos que les importa de verdad los cambios, son a los libios pedestres, que se han venido jugando el cuello en las últimas semanas. Y muchos lo han perdido. La parábola del salvador occidental es tan vana y tan vacua, que asusta por su recurrencia y su frivolidad.
Los fines de las analogías deberían ser iluminar el pensamiento, no embotarlo. No se puede fabular todo el tiempo con gobiernos y ejércitos buenos que se enfrentan a naciones y dictadores malos. En la ficción se puede entender, pero en política y en la realidad, es hipocresía barata. Además, siempre pensé, y pienso, que aquellos que pregonan este tipo de guerras, deberían tener por lo menos la decencia de subirse a un tanque o a un avión y poner la cabeza para que se la vuelen además de la palabra. Pedir que otros mueran por tus prerrogativas es una villanía importante. Yo quiero la caída de Gadafi, pero no esta intervención tramposa que sólo busca asegurarse el bombeo de los pozos de petróleo y el resto es declamación pour la gallerie.
Igual sé que esto a pocos les importa y que Valenzuela seguirá propagandizando muy satisfecho sus falsas analogías, tranquilo de creer que colabora con un bien. Por empezar, que le permita llenar el tanque del coche.