lunes, 4 de julio de 2011

से

Básicamente me cuesta tomar distancia, no puedo aislarme de la experiencia vivida y del desengaño entre ese 19 de Diciembre y este 15 de Mayo. Me ha costado escribir por eso, y porque no me gusta el rollo autobiográfico de la escritura femenina. En fin, no se puede escapar de todo.

Cuando sucedió el 19 tenía 20 años, volvía de estudiar, y junto a mi Madre escuchamos las cacerolas. Le dije "Mamá, vamos a ser Cuba". Estaba contenta, la formación de izquierda de ciertos sectores de mi familia y de las primeras asignaturas de la Universidad de Buenos Aires habían empezado a calar. Pensé que saldríamos de este régimen, que dejaríamos de ser cómplices al no formar parte. Me aliviaba. Después de todo, hacía un par de años que había terminado mi escolaridad en un centro católico, algo que a lo largo de mi vida me ha hecho confundir responsabilidad y azar con la culpa. Tenía 20 años y me sentía culpable del mundo, estar en el otro lado era más digno.

Cómo llegué al 15M
Aunque sea obvia la imagen: pasó un atlántico. En cierta manera, en el fondo supe que iba a irme pero no sucedió de modo planificado, fue una acción de los últimos años de juventud, de cierre de ciclo cuando ya no la contemplaba. Si algo nos ha dejado la dictadura es el estigma de traición a los que nos vamos de Argentina. Como si fuésemos culpables por no quedarnos a luchar. Una tontería enraizada que funciona perfectamente para separar.
Ya en eso que llamamos España, un par de años después, acontece el 15M.

Entre los 20 y los 30. De la esperanza a la desesperanza a la esperanza en una otra esta época.

Varias semanas antes del 22 de Mayo venía proliferando en las fotos de perfil de twitter de distintos usuarios el hashtag #nolesvotes. Recuerdo que no tenía muy claro si se referían al PSOE. Esa indicación para no votar me parecía negativa por convocar a un debilitamiento de las instituciones, las elecciones, pero también del Estado. Como generación que nació con los últimos resabios de la dictadura argentina y principios de la democracia, tengo respeto al voto y a la representatividad. Así que en fin, ese llamado no me agrado y seguí de largo. Básicamente imaginé que eran peperos.
En unos días el #nolesvotes se extiende, aparece la #acampadasol, la #spanishrevolution. Esas etiquetas comienzan a llenarse de cosas variadas. Hay una categoría que es perfecta para estos casos, se llama "significante vacío" (ver Laclau-Mouffe). Un término o grupo de términos con gran convocatoria en el/los que hay distintos sentidos: algo se toma en diversas direcciones y es necesario que "alguien" se haga cargo de ese algo múltiple para captar la fuerza de todos esos que sostienen algo de eso algo múltiple. En otras palabras, una frase o una palabra que no dice nada (significante vacío, que cada grupo le puede agregar un significado y de la que se precisa de alquien que pueda llevar todos esos significados a algún sitio (dirección/sentido).
Pero ¿qué pasa con esta teoría cuando tenemos redes sociales que permiten organizar a los distintos sentidos y cobrar fuerza?

Un buen sastre vuelve a tomar las medidas en cada visita

Es posible. Pero durante varios días creí que no era posible.
La experiencia del 19, lo que vino después las marchas, las protestas, el patético cacerolazo contra los bancos, las cencerradas de pobres y semiricos para mí, internamente, acabaron cuando Menem sacó mayoría de votos en las elecciones siguientes. Dolor. Algo parecido a la España azul. Parecido no es lo mismo.
Entre mis 20 y mis 30 no sólo pasó un atlántico sino también un mundo milenio. La posibilidad de calificar la reputación de una miembro de una tienda de ecommerce de hace diez años se ha extendido a otras temáticas. Había entre nosotros ganas de separar la paja del trigo aunque sea para comprar pendrives.
Si la plaza es imposible a largo plazo, hay una participación de ventanilla única que es imparable como descargar películas. Es control y es otro equilibrio. Al final las cosas se joden desde dentro: con portátiles, iphones, con movistar orange y vodaphone.
Así, va quedando menos. Es asombroso. Se come nosemuerde la cola. Al final el sueño hippie es posible a través de una red, que en sus orígenes ha sido y es, militar.

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