martes, 22 de marzo de 2011

La falsedad

Creo que hay gente que miente, gente que cree sus propias mentiras y gente que cree las mentiras que otros les cuentan. Para que las mentiras funcionen tienen que contener algo que se parezca a una verdad, porque si no sería insostenible cualquier diálogo. Pero precisamente por la existencia de esa verdad adulterada, es que se hace tan difícil llegar al fondo de las cosas.
En ciclos de cinco a diez años, algún grupo de intelectuales autodenominados progresistas, la mayoría de ellos asalariados del periodismo, funcionarios sin gobierno de las redes de comunicación globales, con el diario El País a la cabeza, oscilan en sus fidelidades a tal o cual campaña militar que se despliega por el mundo. Yugoslavia, sí. Afganistán, sí con condiciones. Irak, no. Libia, un sí hiper incondicional. Estas oscilaciones en un periódico asociado a un partido socialdemócrata, vienen con la convicción de que provienen de un centro casi absoluto e irreprochable. La idea de centro no es sólo política, sino también de conciencia. Hay una conciencia de eje del pensamiento que coloca a derecha o izquierda, en sentido de descalificación, cualquier postura que no condiga con ese centro.
No hay ya un escaso sino un ausente cuestionamiento a estas formas de pensar la realidad. Por el contrario, ellas se retroalimentan convenciéndose de estar en lo cierto y se blindan. Así es que en esas formas, encuentran otras, defensivas, en las que buscan protegerse. Para este fin construyen analogías. Y aquí es donde caen en los mismos viejos pantanos.
La construcción de una analogía no se hace con caprichos, y menos aún en historia. Su carácter provisional es más importante todavía que lo que pretende aseverar. Y habría que decir que la acumulación de malas construcciones analógicas constituyen mentira, si no dolosa, por lo menos culposa. Pero no están lejos del dolo.
Javier Valenzuela en El País dice, para discutir con quienes están en contra de la intervención "aliada" contra Gadafi, que la comparación que se hace con Irak 2003 para estar en contra de ir a la guerra, no es válida, y que la referencia tendría que ser España 1936. Dice, que si Gran Bretaña y Francia hubieran decidido intervenir a favor de la República española, otra historia se habría escrito.
Sobre esta analogía la conciencia progresista española y también internacional ha abonado sus apoyos por lo menos en tres guerras: la de Bosnia, la de Kosovo y ahora la de Libia. Tres situaciones de conflicto interno devenidas en guerras civiles de diversa intensidad.
¿Qué falla en este análisis? Demasiadas cosas:
1) 1936 no es 2011. Entonces el mundo no había determinado una hegemonía. Un bloque liderado por los alemanes e italianos en unos años más disputarían el control del mundo, no ya de un país. La situación de Gran Bretaña y Francia era entonces cuanto menos compleja. No eran tan fuertes como lo son ahora. No estaban dispuestas a devolver el puntapié que implicaría quizás entonces adelantar tres años una conflagración mundial que ocurriría, lo quisieran o no, un poco más tarde. Y si quisiéramos tener noción de lo complejo de aquel tiempo habría que saber también un par de cosas más: Gran Bretaña estaba tironeada por dos fracciones en su poder, y una de ellas estaba plenamente dispuesta a aliarse a Hitler. No a pactar con Hitler como hizo Stalin un tratado de no agresión, que también cayó como un castillo de naipes, sino a aliarse y juntos buscar la dominación del mundo. Lo que hoy parece claro, entonces no lo estaba.
Y el segundo elemento era la propia Francia, que demostró que no era contrincante para los alemanes de entonces, ya que la ocupación de su territorio, no fue tan complicada. Querer o creer que los países europeos no fascistas de entonces iban a librar una guerra por las buenas ideas y el bien de otras naciones, no resulta más que una ilusión. Lo cierto es que la suerte de España dependió de varios factores y el sueño democrático de lo que se pudo haber sido, no es más que una revisión del pasado, una expresión de deseo, pero no un curso posible de la historia.
2) Ayudar a los demócratas libios es lo que sostiene Valenzuela, como se debería haber sostenido a España. Lamentablemente todo es un problema de puntos de vista. En 1936 el ejército consideró que la existencia de un República que auguraba la posible llegada de una tiranía marxista era razón suficiente para alzarse en armas, y si triunfaron, en términos prácticos, era porque no estaban solos. Gadafi tampoco está solo y él es el que está en el poder. No es ni el gobierno republicano del 36 ni es Franco. Es otra formación. La revuelta popular tomó formas cada vez más violentas porque el propio régimen libio llevó su apuesta por derrotar a los manifestantes al punto del exterminio. Quizás este grupo rebelde sea demasiado débil para hacerse con el poder, quizás pueda ser derrotado sin ayuda, lo más probable es que no. Entonces en la mente progresista surge la idea del socorro al débil y si hay que recurrir a la guerra para concretarla, adelante entonces.
3) Hay un problema con las intenciones. Y obviamente también con los puntos de vista. Valenzuela dice que en 2003 Bush quería reafirmar el poderío del imperio estadounidense, pero en 2011 Francia, Gran Bretaña, España y EEUU quieren colaborar con el impulso democrático de un pueblo y que un tirano caiga. ¿No era lo mismo que decía Bush para Irak? Además, claro, de encontrar las armas de destrucción masiva. ¿Qué cambia entre una situación y otra? Las redes de alianzas. Y estas redes están definidas primero por qué administración está en EEUU. No solo para el pensamiento sino para la red concreta de construcción de poder internacional, Bush no es lo mismo que Obama. Al menos no lo es para el conglomerado progresista. Precisamente la forma en que Valenzuela plantea su esquema es decir que lo de Bush es una mentira orquestada para encubrir intenciones oscuras y viles. No así una alianza bendecida por Obama, que ya si está liderada por un Premio Nobel de la Paz, podría ser insospechable. ¿Insospechable de qué? ¿De no tener una agenda para el mundo árabe? ¿De no decidirse si respaldar o no a Mubarak en su momento? ¿De avalar a Francia, a la cabeza de las naciones europeas preocupadas al punto de la histeria por no tener asegurada su cuota de combustible que viene precisamente entubado desde Libia y sale de la zona que hoy ocupan los rebeldes?
4) A Europa le importa un pepino la democracia y el republicanismo y el espíritu de la Revolución Francesa y de 1848 para las naciones árabes. Esta no es una guerra democrática. No es una guerra revolucionaria. Desconozco tipo alguno de guerra revolucionaria llevada a cabo por los dueños del mundo. Creo que este tipo de paradoja práctica sólo puede ser imaginada por un iluso socialdemócrata o por un mentiroso. ¿Un dueño de empresa listo a usar su ejército de seguridad para que los trabajadores se organicen democráticamente? En plena democracia de cualquier rincón del mundo, ¿alguien ha visto a algún empresario otorgando alegremente cotas de poder a sus empleados? Libia es un socio menor de los países centrales que le compran petróleo a precio más o menos vil de acuerdo a lo que necesiten. Quieren un proveedor serio, no un régimen democrático. A los únicos que les importa de verdad los cambios, son a los libios pedestres, que se han venido jugando el cuello en las últimas semanas. Y muchos lo han perdido. La parábola del salvador occidental es tan vana y tan vacua, que asusta por su recurrencia y su frivolidad.
Los fines de las analogías deberían ser iluminar el pensamiento, no embotarlo. No se puede fabular todo el tiempo con gobiernos y ejércitos buenos que se enfrentan a naciones y dictadores malos. En la ficción se puede entender, pero en política y en la realidad, es hipocresía barata. Además, siempre pensé, y pienso, que aquellos que pregonan este tipo de guerras, deberían tener por lo menos la decencia de subirse a un tanque o a un avión y poner la cabeza para que se la vuelen además de la palabra. Pedir que otros mueran por tus prerrogativas es una villanía importante. Yo quiero la caída de Gadafi, pero no esta intervención tramposa que sólo busca asegurarse el bombeo de los pozos de petróleo y el resto es declamación pour la gallerie.
Igual sé que esto a pocos les importa y que Valenzuela seguirá propagandizando muy satisfecho sus falsas analogías, tranquilo de creer que colabora con un bien. Por empezar, que le permita llenar el tanque del coche.

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