En uno de los episodios de Lost, Locke está con Charlie en la selva. Charlie le entrega a Locke la droga que encontró dentro de estatuas de la virgen y le pide que la queme. Locke se niega a hacerlo y le explica por qué: "¿Ves esa crisálida?", le dice. "Está a punto de salir y convertirse en mariposa. Yo podría con este cuchillo ayudar a que su salida sea más rápida y no tan dramática. Pero si lo hago ella no va a ser capaz de defenderse ante la naturaleza. Será débil y morirá"-Esta escena hiper didáctica no oculta ni su juego ni su elementalidad. Pero todo a lo que se refiere es a la maduración.
Desde que comenzó el proceso revolucionario en Libia, devenido ahora en guerra civil, la prensa retrató a unos combatientes rebeldes torpes en el manejo de las armas y las tácticas militares. Los acontecimientos de las últimas semanas y el avance decidido del sector del ejército libio leal a Gadafi, refrendan este estado de debilidad de las fuerzas que quieren derrocarlo y apuntan a que pueden ser doblegadas.
Hay guerras civiles en la historia de todos los tonos y colores. Algo que las suele distinguir de cualquier otro proceso político es su imprevisibilidad. Esto es, que no se sabe cuál puede ser su desenlace. Hasta ahora, si nos guiamos por la seguidilla de movilizaciones que arrancaron en Túnez y siguieron por Egipto, los que salieron a pedir las caídas de sus gobiernos consiguieron lo que querían. En Libia se encontraron con un régimen y un gobierno más fuerte, y más decidido a resolver a sangre y fuego el conflicto. También es cierto que cada situación subió la temperatura con respecto a la siguiente y esta guerra en curso lo demuestra. En todos los casos lo que está en juego es algo mucho más grande que la situación de Libia en sí, sino un impulso de cambio revolucionario que toca a todos los países árabes. Todo en un panorama complejo, pero abordable. Y en este panorama está en juego, siempre, lo que vendrá después. Un encadenamiento de revoluciones triunfantes en una comunidad tan extensa, preanuncian no sólo las olas de inestabilidad creciente de la región, sino su impacto en otros países que albergan inmigrantes árabes o que dependen de la provisión petrolera que llega de África.
En este caso en particular, la suerte de un Gadafi, ya está echada. Es difícil irse para atrás justo ahora, cuando toda la retórica de los opinadores europeos prendieron fuego al dictador, lo pusieron en la galería de monstruos políticos y tiene serias posibilidades de caer. Pero no cae.
Y el que no caiga es lo que les preocupa a los líderes de los países centrales. Les preocupa el petróleo que no es bombeado, la suba del precio del combustible, el compás de espera que implica aguantar el decurso de una guerra civil en forma mientras ellos necesitan que los tanques de los coches se llenen.
Europa ya debe tener su ristra de candidatos a suceder el régimen de Gadafi. Y la preocupación que hubo en cada conflicto, fuera Túnez, Egipto y ahora Libia, era la de reconstituir los elementos de un cierto status quo. Que los negocios tal y como están planteados hoy no se alteren. Pero eso tampoco es previsible. Europa y EEUU fue parte de la política interior de estos países desde que comenzó el proceso y ahora, en medio de una guerra civil, deciden que hay que dar una ayudita a los amigos para que la situación se resuelva rápido y se incline la balanza una vez más en favor de los más poderosos.
Como todo, las formas de intervenir de las potencias son parecidas y diferentes. Esta vez el liderazgo no cae en EEUU sino en Francia. EEUU acompaña. El que todo venga "detrás" de una resolución de la ONU ayuda a que muchos países se sientan bien invitados a sacar a pasear las armas, cuando siempre tratan de mostrarse "pacifistas", y la fiebre guerrera los posee. Alemania, Rusia y China se desmarcan. El momento no es sencillo. La prisa de esta nueva coalición por garantizarse el suministro de petróleo apunta a empeorar el panorama. Si en algún momento necesitaron los partidarios de Gadafi una excusa y una justificación para sostener a su líder, ahora se la da Europa. Si hay algo que le va a ganar antipatías a los rebeldes, es esta toma de partido de las potencias por el derrocamiento.
Que se entienda. Gadafi tiene que caer porque la gente decida tirarlo y porque esta gente lo haga con sus propios medios. "Ayudar" en este proceso es contaminarlo. Cuando se quiere actitud de las naciones poderosas para que un dictador como Gadafi caiga, no es que desarrollen ni invasiones ni intrigas, sino que no le den aire o apoyos a quienes sus propios pueblos están tratando de derribar. La situación de Libia es indiscutiblemente más compleja que esto. No es el régimen aislado de Egipto, sin simpatías y con apenas pocos seguidores dispuestos a dejarse la piel por su líder. Aquí hay una nación dividida en sus voluntades y esa división representa dos tiempos históricos que tienen que resolver su preeminencia.
Libia constituyó un régimen a finales de los sesenta como parte de una oleada de cambios que se produjeron en antiguas colonias o ex colonias, que marcaron su distancia con el imperialismo y las metrópolis. Un régimen con un respaldo popular en su momento, que en su evolución pasó por un enfrentamiento fuerte con EEUU, con pico a mediados de los 80, y luego del 11-S se convirtió al credo "antiterrorista". Digamos que pasó de enemigo a funcional al orden mundial. Un camino inverso a, por ejemplo, un Noriega en Panamá.
Lo que hoy (y siempre) ha definido la suerte de estos líderes y gobiernos, es su relación utilitaria con los EEUU y sus aliados. Ahora, un Gadafi, incinerado en su suerte junto a otros líderes árabes, no les sirve más ni como socio ni como enemigo y se disponen a descabezarlo. Para una opinión pública deseosa de encontrar salvadores en el mundo, una iniciativa militar como la que propone esta nueva coalición, es un alivio. Pero para el proceso real, para el proceso revolucionario libio, es como si Locke decidiera abrir la crisálida con su cuchillo. Tratarán de sacar una mariposa veloz y pusilánime que sirva a sus fines y pueda ser manipulada. Querrán crear un régimen de piernas y articulaciones flojas.
Ojalá en la realidad parábolas como las que plantearon Locke y Charlie pudieran ser leídas por todos a primera vista y así no caer en el engaño, ni sucumbir a los bombos y platillos que saludarán una nueva acción salvadora. Ojalá la resistencia libia sepa leer como Charlie que su suerte no está atada a un hombre más grande y más poderoso, sino a lo que consiga con su propia fuerza.
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