Cada tiempo y cada movimiento sintetiza su mística de formas inesperadas. Desde el 23 de mayo, un día después de las elecciones municipales y autonómicas en España, la situación cambia, las perspectivas cambian. Los acampados en Sol empiezan a trascender las fronteras de lo inmediato. Esas fronteras no estaban definidas por sus objetivos sino por la urgencia política que marcaba los tiempos de un país entero. Ahora los tiempos serán otros.El campamento de Sol no tiene poder pero sí autogobierno. No manda más que sobre los autoconvocados y aquellos que acepten las reglas que por consenso se han decidido seguir. Hay una organicidad en su funcionamiento que es profundamente política y que empieza a indagar en cuáles son las condiciones de su supervivencia. Toda nueva propuesta política, entendida como organización práctica más que nominal, es un experimento que se arriesga al triunfo, al hundimiento o a la transformación. En ese sentido Sol es una comuna. No como la que gobernó París durante dos meses, pero sí el embrión de un organismo que tiende a la funcionalidad.

En la comuna de Sol hay comedores, guarderías, bibliotecas, una zona donde recibir aportes, una comisión de infraestructura que hace que el campamento circule y respire, una comisión de respeto que ayuda a que el espacio habitado se mantenga limpio y decente y no agreda a aquellos que no participan del movimiento, una zona de memoria para acumular el material que se produce en el día a día, una zona con periódicos y revistas, una comisión de comunicación y portavocía, una comisión legal, una zona para pintar los carteles que son en gran medida los gritos permanentes más fuertes que generan los acampados; y por supuesto hay asambleas de coordinación. Es entonces un espacio que se gobierna, que elige estar en constante movimiento y que busca las formas de alentar la continuidad.

Parte de esta experiencia es la búsqueda de cómo sumar a la actividad a los que allí vienen residiendo o quieren acercarse. Los toldos de plástico que unos días atrás fueron guarida ante las lluvias se vuelven hoy un poco calurosos para los efectos prácticos. Voluntarios van entonces por las distintas arterias del campamento rociando a la gente con agua para aliviar el trance. Hay un despliegue de labores e ingenio. Hay placas solares que son una forma energética novedosa que aplicada a este mundo puede ser bastante efectiva, teniendo en cuenta la geografía y el alcance. Se recicla. Todo el tiempo. Se buscan reformulaciones constantes para el espacio. Digamos que todos los saberes se ponen en práctica.
Mucho se ha hablado de la formación de esta generación que ha pasado por las universidades, que tienen idiomas además de carreras, y que en vez de integrárseles a la sociedad se les ha marginado. Son quizás los elementos formales más fuertes con los que se discute a partir de que se les ha dejado impunemente fuera. Pero hay más.
Esta generación amén de haber sido parte del proyecto Erasmus que les llevó a otras fronteras a continuar sus estudios, también se ha visto involucrada en proyectos de cooperación en lugares del mundo menos amables, donde las crisis golpearon más y los problemas de infraestructura y desarrollo alcanzan un estado dramático. Esta generación ha estado y está entretejida con proyectos solidarios con los menos agraciados y está muy comprometida con la diversidad. Y cuando se plantea la diversidad hay que mirarla en un sentido profundo y no nominal. Primero y principal porque ellos mismos están cruzados por esta diversidad. Ellos son diversos y necesitan encontrar fórmulas que integren lo diverso y no lo expulsen. Sea en sexo, nacionalidad, etnia, género, forma, condición.Experiencia, experimento, taller, laboratorio, son palabras más o menos frías, más o menos imprecisas para definir lo que involucra Sol. El desafío democrático aquí se plantea como discurso alternativo a una realidad en la que lo democrático está vaciado de contenido y que encima ahora se descascara. Lo cierto es que la experiencia desafía muchos conceptos de lo democrático en cualquier lugar del mundo y no solo en España.
Sol es ante todo un embrión y está gestando. Gesta de manera rápida y contundente. Lo que entrena en sus pasillos de tiendas cubiertas de plásticos, con mobiliarios reciclados y, reitero, mucho ingenio, es parte del mensaje que están intentado dar. Supera lo generacional aunque ahora los voceros sean jóvenes y plantea algo que se funde en otros cuerpos sociales que reciben el impacto.Ahora son todos desafíos de supervivencia; toca recrear una mística de intervención y acción que no asfixie al movimiento por encierro. En el contagio está parte de la clave. En ir más lejos de las provisionales fronteras ahora marcadas por esos techos plásticos. La iniciativa de asambleas barriales para el sábado 28 de mayo es parte de la extensión del fenómeno. Si prende, puede ir a más. No hay que olvidar que en las ciudades de España, en todos los puntos cardinales, hay réplicas. Y nada es casual.
Ejercicio o experimento, es la búsqueda de una salida a un callejón crítico en el que está encallándose la política en España. La derrota apabullante del PSOE deja a un gobierno más débil, con muchos flancos expuestos. El PP se emborracha con el triunfo que es como emborracharse frente al abismo. Ciegos y sordos, para agravar las cosas, aunque no mudos. Si al menos fueran mudos hasta se podría decir que acusan un poco el golpe. España está en crisis de representación y no porque lo digan los acampados de Sol, sino porque las fórmulas neoliberales y neoconservadoras apuestan por un modelo de desarrollo que será aún más excluyente que el actual. El PP puede creer que la ingeniería electoral les protege de las consecuencias de lo que puede venir y eso es una mirada miope.

Desde el 23 de mayo España está en situación transicional. Una carrera que se corre en los pasillos del poder, pero que también se está trabajando en los pasillos de Sol. De Davides y de Goliats también puede ir un poco la cosa. Hoy la realidad pide menos verborragia y más ojos y oídos en estado de compromiso activo. Si no la brecha que hay abierta será dramática.
Hoy toca defender ese ágora palpitante que es la acampada de Sol para que la voz y el trabajo que están ensayando no se aborte. Se apuntan otras y nuevas formas. Por eso hay que apostar por la continuidad de un proceso que tiene que traspasar sus límites geográficos y prácticos. En su maduración también se juega el futuro. Para pasar a ser actores y no tan sólo testigos. Ese es el desafío.
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